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El miedo es el enemigo de la felicidad

28.12.09
Según el divulgador científico Eduardo Punset, el miedo es la antítesis de la felicidad y una cierta ansiedad ayuda a ser feliz.

Punset asegura que es lógico que los libros de autoayuda tengan tanto éxito, porque «la gente está muy desamparada; siempre se le había dicho que la felicidad estaba después de la muerte, y por eso acoge con alivio e interés las pistas o los consejos inspirados en la ciencia y alejados de un pensamiento exclusivamente dogmático».

¿Sabemos mucho los humanos de cómo somos por dentro?

Ahora comenzamos a saber qué es lo que pasa en la gente por dentro gracias a la ciencia. Eso es algo que no sabíamos desde hace millones de años. Comenzamos a saber cosas tan importantes como los factores de la felicidad y sobre todo de la infelicidad. Por qué la gente tiene esa capacidad infinita para ser infeliz.

miedo y felicidad

¿Es posible la felicidad en la sociedad actual?
Es más posible ahora que antes. Cada día que pasa es más posible. Lo que ocurre es que la felicidad, como todas las emociones básicas y universales, es una emoción efímera. Usted no ha visto a alguien con cara de asco toda su vida. O sea, eso es lo que la gente olvida a menudo. Y sabíamos tan poco de todo eso que vamos de sorpresa en sorpresa a medida que la ciencia entra en el análisis de los procesos emocionales, que antes no se podían hacer porque no se podían medir. Pero ahora sí podemos gracias a nuevas tecnologías como la resonancia magnética, que permiten constatar, comprobar, cómo un estrés real o imaginado reduce el volumen del hipocampo de un órgano cerebral.

Entonces, usted considera que la felicidad se puede medir...
Sí. Es absolutamente medible. Por una razón: la felicidad es la ausencia del miedo. O sea, que una persona atemorizada, miedosa, presa del pánico no puede mostrar ningún indicio de felicidad.

¿Y está en el cerebro?
Sí, todo está en el cerebro.

¿No dependen también otros factores, como los sociales, económicos, familiares?
Vamos a ver. El primer factor es la ausencia del miedo; pero no es el único. Se trata de un rasgo que define la felicidad. Si hay miedo no hay felicidad, lo que no es contradictorio con que en un momento dado haya cierta ansiedad. La ansiedad es un estado de alerta ante un examen, un matrimonio, ante un acontecimiento, pero no paraliza ni corroe como el miedo, que paraliza hasta el crecimiento de las uñas y de los jóvenes.

 ¿Y qué otros factores o dimensiones encontramos? 
Hemos analizado los factores de renta, de educación, la etnia, lo que se quiera. De ellos el único que está correlacionado con la felicidad es el de las relaciones personales. Mucho más que los niveles de renta, por ejemplo. Cuando están por debajo del nivel de subsistencia, entonces el dinero es igual a la felicidad.

O sea, el dinero influye...

Si se está por debajo de unos niveles de subsistencia, por supuesto. Si uno no puede subsistir, no puede comer, no puede dormir, no hay felicidad posible. Si le dan dinero, entonces es feliz por un rato. Lo que ocurre es que una vez alcanzados los niveles de subsistencia las cosas cambian y otros factores adquieren importancia, como el de las relaciones personales. Por ejemplo, yo digo que la felicidad está en la sala de espera de la felicidad. El homínido que sabe disfrutar de la espera, de los detalles, de todo lo que tiene que hacer para alcanzar la felicidad, es el que tiene más posibilidades de ser feliz.

¿El viaje a la felicidad es muy complicado?

No.

¿Qué se necesita?
Lo primero que se necesita es un conocimiento de las emociones básicas universales: el odio, la rabia, el desprecio o la alegría, y eso es algo que no se nos ha enseñado nunca. El único común denominador entre los jóvenes y los adultos hoy en día es que ninguno de los dos colectivos sabe nada de las emociones básicas universales y mucho menos de su gestión. No sabemos nada porque en la escuela estaba prácticamente prohibido enseñar la gestión emocional. Las emociones era algo que había que controlar, descartar, triturar, y sólo contaba, al parecer, la razón.

Hoy sabemos que esto no es así y en Europa hay un esfuerzo conjunto que no tiene nada que ver con la no sé qué de la ciudadanía, porque tal y como está orientada es más una cuestión de valores que siempre serán sospechosos, de derechas o de izquierdas, y no un análisis científico de las emociones y de su gestión. Esta será la gran revolución educativa de los próximos años.

¿La persona que forma parte de un grupo es más feliz?
Es que es muy difícil ser feliz sin sentirse parte integrante de un colectivo, que puede ser sólo una pareja o puede ser una familia, unos vecinos o un equipo de fútbol. Pero lo primero que nace en la conciencia social es la pertenencia a un grupo, que es lo que ha permitido una cierta cohesión y que hayamos construido países y naciones.

Fuente: diariosur.es

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