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Hablando no se entiende la gente

22.4.13
La comunicación es una necesidad básica del ser humano, pero también una fuente de malentendidos y conflictos. No en vano, está sujeta a la interpretación subjetiva de cada interlocutor. Y el espacio que se genera entre aquello que queremos compartir y lo que nuestro oyente entiende es el detonante de infinitas reacciones impulsivas, que pueden derivar en agrias discusiones.

A pesar de que construimos nuestras relaciones a través del lenguaje, en demasiadas ocasiones "hablando no se entiende la gente". Así lo afirma el reconocido psicólogo y experto en Programación Neurolingüística, Xavier Guix, especializado en comunicación interpersonal y crecimiento personal. Además, Guix es autor de "Pensar no es gratis", entre otros, y colabora activamente en entidades como la Fundación Àmbit de Barcelona.
comunicación entre seres humanos

¿De qué manera lo que decimos muestra lo que somos?
Lo que decimos está vinculado con la forma en la que pensamos, según organizamos nuestras representaciones mentales. Cuando alguien dice "me siento como en un pozo profundo", eso es lo que ve en su mente. No sólo es un sentimiento. Nuestra neurología y el lenguaje que usamos son como uña y carne. Así, al hablar, nos retratamos.

¿Cómo afectan nuestras palabras a nuestras relaciones?
Las palabras en sí mismas no son más que símbolos. La palabra "fuego" no quema. Lo que nos debe interesar es "para qué" usamos las palabras. Lo que decimos está siempre dentro de un contexto determinado, en el marco de una relación. Es ahí donde adquiere significado. De ahí la importancia de plantearnos qué hacemos con las palabras: ¿Amamos o herimos con ellas? ¿Sirven para el reencuentro…o para la separación?

¿A qué se deben las distorsiones en la comunicación?
Existen muchas distorsiones, siendo tal vez la más importante que "el mapa no es el territorio". Cada persona interpreta las circunstancias de la vida de forma diferente, pero esa interpretación no es una única verdad, sino un mapa, una representación personal. Nos cuesta mucho entender que los demás no ven, creen, ni sienten lo mismo que nosotros, lo que da pie a múltiples presuposiciones. Y éstas, en muchas ocasiones, derivan en malentendidos. También hay que tener en cuenta que nada distorsiona tanto como la interpretación que hacemos de nuestro vínculo con el otro. Al fin y al cabo, la comunicación está siempre filtrada por nuestra percepción, que a su vez está condicionada por nuestro estado de ánimo.

¿Podemos co-crear nuestra realidad mediante el lenguaje?
Lo estamos haciendo continuamente. Eso que llamamos realidad acaba siendo una construcción relacional, algo que acordamos más allá de los hechos. Al ser seres narrativos, necesitamos el lenguaje para poder explicar a los demás y a nosotros mismos todo aquello que sucede, lo que sentimos y vivimos. Aunque la experiencia antecede al sentido, necesitamos las palabras para entender el mundo que nos rodea. Por eso la realidad, la de cada uno, acaba siendo una construcción o co-creación determinada por el lenguaje, más allá de las circunstancias particulares.

¿De qué manera nuestro pensamiento condiciona nuestra experiencia?
Nuestros pensamientos predisponen la experiencia que vivimos. No en vano, el mundo que percibimos a través de nuestros sentidos no es neutro. Está esculpido acorde con nuestras creencias, nuestro condicionamiento y nuestros pensamientos, que nos llevan a dar una interpretación determinada a lo que percibimos. Y esta interpretación determinará nuestra experiencia. Aún así, existen hechos, contingencias y accidentes que escapan a nuestro control, que existen o se producen más allá de lo que podamos pensar. Entonces lo que determina nuestra experiencia es la relación que establecemos entre lo que sucede y lo que pensamos sobre lo que sucede. A eso lo podemos llamar también co-creación.

¿Cómo podemos aprender a comunicarnos más conscientemente?
Mejorando nuestro nivel de atención. Para comunicar conscientemente tenemos que ser capaces de escuchar, sin que en el proceso interfieran nuestras ideas previas o nuestros razonamientos sobre aquello que nos dicen. Del mismo modo, es fundamental ser conscientes de lo que nosotros decimos y de cómo lo decimos. Pero el verdadero secreto de una buena comunicación radica en escuchar a nuestro interlocutor plenamente, activamente, siendo capaces de captar no sólo lo que nos dice, sino lo que nos quiere decir. Si decidimos asumir la responsabilidad de la relación, tomando consciencia de nuestros patrones de conducta y mostrando empatía y asertividad, tendremos la maravillosa oportunidad de compartir y compartirnos verdaderamente. Y al fin y al cabo, es algo que tan sólo depende de nosotros.

Tres preguntas en clave de coaching
¿Qué quieres decir?
¿Cómo lo vas a decir?
¿Para qué lo vas a decir?

Fuente: I. Orce para lavanguardia.com

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