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La inteligencia espiritual

23.6.13
El desarrollo de la espiritualidad no sólo nos aporta calma interior, también es una poderosa fuente de autoconocimiento y de creatividad personal.

La reacción contra siglos de religión obligatoria en Occidente ha llevado a muchas personas a renunciar a una dimensión fundamental para el ser humano: la espiritualidad. Y la pregunta es ahora: ¿dónde se encuentra Dios después de que un filósofo como Nietzsche anunciara su muerte?

Un relato del maestro sufí Rumi aportaba, medio milenio antes, una respuesta brillante: “Examiné la cruz de los cristianos del principio al fin. Él no estaba en la cruz. Fui al templo hindú, a la pagoda antigua. En ninguno encontré el menor signo. Subí hasta las cumbres sagradas. Miré a mi alrededor. Él no estaba en las cumbres ni en el valle. Fui a la Kaaba. Tampoco estaba allí. Pregunté por su paradero: estaba más allá de los límites del filósofo Avicena. Miré en mi propio corazón. Y en ese lugar lo vi.

Se puede ser espiritual sin ser acólito de ninguna religión ni seguidor de ningún gurú. Si vamos al sentido originario de la palabra “religión”, ésta viene de la voz latina “religare” (ligar o amarrar); es decir, amarrarnos o ligarnos de nuevo. ¿Y a qué debemos reconectarnos para sentirnos realizados como seres humanos? Básicamente a la naturaleza; a la totalidad. Debemos dejar atrás el ego individual para fundirnos con la fuente de la creación. Es el momento de encontrar otra forma de reconectarnos al cosmos y, más concretamente, a nuestro planeta para salvarlo. Por eso es importante desarrollar la inteligencia espiritual.

inteligencia espiritual
EL GEN DE DIOS
...¿Por qué todas las tradiciones tienen su dios? ¿Cuál es la razón por la que civilizaciones que no han tenido contacto entre sí desarrollen un concepto parecido de la divinidad? Con pocas excepciones, las culturas humanas creen en un poder supremo, en cosas que no pueden ver, oler, saborear, oír ni tocar, lo cual parece ir contra nuestra mente racional. ¿Cómo es posible?

El genetista Dean Hamer sostiene en El gen de Dios que lo divino está inscrito en nuestro disco duro desde que nacemos. Por lo tanto, la espiritualidad sería una herencia básica, un instinto para la supervivencia que nos procura un sentido de la vida y valor para superar dificultades y pérdidas. Este libro...aportaba, además un estudio sobre los beneficios de la espiritualidad para la salud del cuerpo y de la mente. Para su redacción, se estudió un grupo de sujetos que incluía desde ateos convencidos hasta personas con cierta inclinación al misticismo, una facultad que Hamer define como “la facilidad para salir de sí mismo, sensación de estar en conexión con un amplio universo y con una mente abierta a sucesos no fácilmente explicables”.

Además de detectar en este segundo grupo una mayor presencia del gen VMAT2, que en su variante 3305 quedó bautizado como el “gen de Dios”, los investigadores concluyeron que las personas con esta programación espiritual superaban más rápidamente las enfermedades, eran menos proclives a la depresión y disfrutaban, en general, de una mayor esperanza de vida.

Sea sólida o no la existencia de ese gen del misticismo, parece probado que desarrollar la inteligencia espiritual nos permite vivir más y mejor.

ALEJARSE DE LA INERCIA DIARIA
Según el doctor en Filosofía y Teología Francesc Torralba, que acaba de publicar un ensayo sobre el tema, la vida espiritual no es paralela a la corporal, sino que está íntimamente unida a ella. En sus propias palabras: “Quien la cultiva, vive más intensamente cada sensación, cada contacto, cada experiencia, cada relación interpersonal (…) El cultivo de la inteligencia espiritual pasa por la práctica del diálogo, del ejercicio físico y del deleite musical, entre otras posibilidades.”

El mismo Viktor Frankl, padre de la logoterapia, hablaba de esta dimensión que nos ayuda a distanciarnos, aunque sea temporalmente, de las necesidades básicas. La inteligencia espiritual es la que nos permite emocionarnos con una pieza musical o con la contemplación de un paisaje. En momentos así nos sentimos purificados, lejos de la inercia diaria marcada por la supervivencia.

La espiritualidad designa, al mismo tiempo, nuestra capacidad para liberarnos de las cadenas de los instintos y nos permite modelarlos de acuerdo con la vida que deseamos llevar.

Si obedeciéramos a los primeros impulsos, jamás podríamos tener una pareja estable, comeríamos cualquier cosa hasta sentirnos saciados y los conflictos interpersonales se convertirían en luchas a vida o muerte. Justamente para liberarnos de estas respuestas mecánicas, la inteligencia espiritual nos da la oportunidad de decidir nuestra conducta según unos patrones éticos elegidos por nosotros.

Uno de los textos clásicos del hinduismo, el Baghavad Gita, dice que toda persona lleva en su interior un amigo sublime al que no conoce: “Porque Dios reside en el interior de todo ser humano, pero pocos saben encontrarle… Porque quien encuentra en sí mismo su felicidad, su gozo y, en sí mismo, también su luz, es uno con Dios.”

En su libro Inteligencia espiritual, Francesc Torralba habla de hasta 17 poderes que nos otorga el encuentro con ese “amigo sublime”. Entre ellos destacamos:

Búsqueda del sentido de la vida. Un gran impulsor de la espiritualidad es la pregunta que todo ser humano se acaba haciendo: “¿Qué hago yo aquí?” o “¿cuál es mi misión en la vida?”. Son cuestiones que sólo se pueden responder desde la fuente interior de sabiduría de cada uno.

Capacidad de distanciamiento. En los momentos más difíciles de la existencia, la espiritualidad nos permite alejarnos de la realidad inmediata para sumergirnos en otro nivel de conciencia desde el que podemos observar nuestra vida con más perspectiva. Tanto quien reza una oración como el yogui que medita abren un paréntesis en su mundo terrenal para no ser devorados por el contexto.

Gozo estético. Alguien con un nivel elevado de esta inteligencia es más sensible a la naturaleza y a las artes que emanan una belleza misteriosa como la que encontramos en la experiencia mística. Por esa razón, los grandes artistas suelen ser personas profundamente espirituales.

Autoconocimiento. Puesto que todo misticismo sin dogmas es un peregrinaje al centro de uno mismo, a medida que pulimos nuestro espejo interior, adquirimos un conocimiento más nítido de nosotros mismos.

Pertenencia al todo. La conciencia de que todos los seres estamos conectados y compartimos unas mismas necesidades y anhelos hace crecer nuestra empatía y nos vuelve más responsables con los demás y con el planeta.


LA DIVINIDAD ESTA EN CADA UNO
Una persona espiritual tiene los instrumentos necesarios para construir un proyecto de vida en el que pueda realizarse y desarrollar sus capacidades, además de potenciar la empatía y la solidaridad hacia los demás.

Como apuntábamos al principio, no hay que buscarla en libros o maestros, porque la divinidad está en cada uno de nosotros. En el viaje de la vida, todos estamos acompañados por ese centro que nos procura conocimiento, calma y consuelo. Algunos lo llaman “Dios” y otros, “alma” o “fuente interior de sabiduría”.

Un relato del libanés Khalil Gibran dibuja de una bonita manera ese amigo sutil que nunca nos abandona, aunque a veces no podamos percibir su presencia. Cuenta que un hombre anduvo toda su vida por el desierto. Al final de sus días, miró hacia atrás para ver el camino recorrido. Observó que en algunos lugares había cuatro huellas y en otros, sólo dos. El hombre meditó sobre su pasado. Había reconocido sus propios pasos, a veces acompañados por los de Dios. Levantando la mirada, le preguntó: “Mi buen Dios, ¿por qué en los peores momentos me abandonaste?” A lo que Dios contestó: “Nunca te he abandonado. Allí donde ves sólo dos huellas, te llevaba en brazos.”


BUENOS HABITOS PARA DESARROLLAR EL ESPIRITU
Como sucede con las otras clases de inteligencia, hay toda una serie de hábitos y prácticas que nos permiten cultivarla para gozar de todos sus beneficios en la vida cotidiana:

Recogerse en soledad. Visitar el silencio nos permite recuperar el equilibrio entre el mundo interior y el exterior y nos ayuda a plantearnos preguntas que no caben en el ajetreo diario.

Practicar la contemplación. Esta actividad parte de los sentidos externos, pero tiene una poderosa resonancia interior. La contemplación exige que el observador se funda con lo observado, un estado que podemos experimentar durante la meditación.

Filosofar. La espiritualidad y la filosofía van muy unidos, ya que, en esencia, se trata de ahondar en las preguntas básicas de la existencia. Cuando contrastamos las opiniones de grandes pensadores y sacamos nuestras propias conclusiones nos ejercitamos en el arte de vivir.

Entregarse al arte. No debemos conformarnos con ser meros observadores, también merece la pena dedicarnos a crear esta segunda realidad que miente para contar la verdad. El artista se educa a sí mismo al ahondar en su propia alma y, por lo tanto, desarrolla un alto grado de inteligencia espiritual.

Frecuentar el diálogo profundo. Se da cuando los interlocutores abordan cuestiones fundamentales sobre el sentido y el arte de vivir. Esta práctica compartida nos permite abrirnos a otras visiones que nos enriquecen.

Hacer ejercicio. Al mover los músculos, nos desprendemos de las preocupaciones y ganamos una visión más simple y enfocada del mundo. El deporte nos permite canalizar las emociones negativas y, cuando se practica en equipo, cultivar, además, las relaciones humanas.

Fuente: fragmento de texto de Francesc Miralles visto en larevistaintegral.com

1 comentarios :

  1. Anónimo3.10.13

    . COMO DESARROLLAR INTELIGENCIA ESPIRITUAL
    EN LA CONDUCCION DIARIA

    Cada señalización luminosa es un acto de conciencia

    Ejemplo:

    Ceder el paso a un peatón.

    Ceder el paso a un vehículo en su incorporación.

    Poner un intermitente

    Cada vez que cedes el paso a un peatón

    o persona en la conducción estas haciendo un acto de conciencia.


    Imagina los que te pierdes en cada trayecto del día.


    Trabaja tu inteligencia para desarrollar conciencia.


    Atentamente:
    Joaquin Gorreta 55 años

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