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La vida está llena de grandes oportunidades

10.7.13
A lo largo de nuestra vida, el dolor es ineludible porque suceden hechos que nos hacen sufrir, pero un alto porcentaje de la angustia y amargura que causa un suceso doloroso, pueden evitarse cambiando la percepción del dolor.

Aunque parezca un contrasentido, para acercarse más a la felicidad conviene echar un vistazo a lo que en
apariencia es su cara opuesta: el sufrimiento.

Lo primero es diferenciar al dolor (el daño y las secuelas que provoca en la persona una lesión, pérdida o golpe físico, psicológico o emocional) del sufrimiento, que es la forma en que nuestra mente percibe, interpreta y vivencia ese dolor, y que a menudo se convierte en un calvario mayor que el propio dolor.

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Por ejemplo: nos golpeamos la mano con el martillo al intentar clavar un clavo, lo cual sin duda duele, pero nos machacamos a nosotros mismos diciéndonos que lo podríamos haber evitado, que descuidados hemos sido y que el accidente quizá nos impida realizar trabajos manuales para toda la vida.

Otro ejemplo: Nuestra relación de pareja se acaba después de muchos años de felicidad, lo cual nos parte el corazón y causa mucho dolor. Durante los meses siguientes sufrimos lo indecible, repitiéndonos que la culpa de todo es nuestra, que hemos dejado escapar a la persona de nuestra vida y ya no llegará otra igual.

Conclusión: el dolor es ineludible porque a lo largo de la vida sufrimos todo tipo de traumas y heridas, pero el sufrimiento, o al menos un alto porcentaje de la angustia y amargura que causa un suceso doloroso, puede evitarse cambiando la percepción de un hecho doloroso y aceptándolo, señala el terapeuta transpersonal Raúl Vincenzo Giglio, experto en acompañamiento a personas en procesos de duelo.

Según el especialista, una de las formas más saludables de percibir el dolor consiste en aceptarlo, reconociendo que la existencia humana es dual y cambiante. ¿Por algo los sabios orientales suelen comparar a la vida con un río, que fluye entre dos orillas, la de la felicidad y la del dolor, y cuyas aguas están en permanente contacto con ambos márgenes.

Otra forma positiva de ver el dolor, la cual tiende a quitarle una buena cuota de sufrimiento psicológico, es considerarlo como lo que realmente es: una señal de alarma o síntoma que nos envían nuestra mente o nuestro cuerpo, para indicar que hay en nuestro organismo o mundo psicológico, algo que no funciona bien, que requiere nuestra atención y que debemos revisar o solucionar, señala Giglio.

Los tres sufrimientos básicos

Los textos de psicología señalan que existen distintos tipos de sufrimientos o dolores del alma:

  1. El manifiesto, que es el que experimentamos cuando nos duele algo, a nivel físico o emocional, desde la espalda o la cabeza, hasta la pérdida o rechazo de una persona, o sea cualquier tipo de malestar notorio.
  2. Por su parte, el sufrimiento cambiante tiene lugar cuando nos sentimos aliviados y felices, después de que ha pasado un dolor, pero al poco tiempo surge otro. Se cambia un sufrimiento por otro. En este caso, la felicidad que sentimos es pasajera, y tiene más que ver con el alivio, que con un auténtico bienestar.
  3. También está el sufrimiento subyacente, un malestar sutil e inconsciente que permanece casi todo el tiempo con nosotros, porque siempre hay una razón para sufrir, y si no existe la buscamos. Incluso se puede sufrir por anticipado, ante las posibles amenazas o desgracias que podrían amargarnos la vida en el futuro.
En ninguno de estos espacios de sufrimiento puede manifestarse el bienestar o la felicidad duradera, que se basa en una paz interior, que a su vez surge de la capacidad de mantener la calma en cualquier circunstancia, de vivir el aquí y ahora, de ser consciente de los disfrutes de la vida, de aceptar las adversidades y de sentir amor y compasión por los demás.

El terapeuta, no obstante asegura que cuando más nos alejamos de los espejismos y exigencias de las condiciones externas y más nos aproximamos a la paz interior, más nos alejamos del sufrimiento y nos acercamos a la felicidad.

Toda adversidad tiene una intencionalidad de la vida, pero no consiste precisamente en causar sufrimiento psicológico, sino en ayudarnos a crecer y evolucionar como personas, dice Giglio.

El universo no es una máquina creadora de dolor. Detrás de todo acontecimiento subyace un amor infinito. El mundo no es un valle de lágrimas, al que venimos a sufrir. Estamos hechos para gozar y recrearnos en la belleza y la plenitud de la vida, señala.

De acuerdo a Giglio, las adversidades están creadas por el universo para que nos superemos y fortalezcamos: si no existieran no creceríamos, nos estancaríamos. Gracias a ellas sacamos nuevos recursos, capacidades, relaciones, nos reforzamos, hacemos más cosas o mejores. Están presentes en el camino de la vida, para hacernos cambiar, no para sufrir.

Detrás de cada adversidad hay una oportunidad. Hay que estar atento a lo inesperado, porque allí se esconde el Universo: la vida llena de semillas para potenciar grandes oportunidades, renovaciones, proceso, aprendizajes, descubrimiento y experiencia.

Fuente: EFE

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