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Sólo es buen médico quien es buena persona

4.4.11
Entrevista al médico Ciril RozmanNació en Liubliana y vive en Barcelona. Hace 30 años practicó el primer trasplante alogénico de médula ósea en España. Hace más de 50 años que ejerce la medicina en el Hospital Clínic desde las 8 de la mañana. 

medico
-Nací en Liubliana, la capital eslovena, poco antes de la II Guerra Mundial, así que viví la invasión italiana, después la alemana y luego una guerra civil. Mi madre murió y a mi hermano lo mataron. Huimos a un campo de refugiados en Italia.

-Atribulada infancia.
-Una vez en el campo en Italia, no tanto. Tenía 16 años y aprendía en cualquier situación. Hacíamos teatro y pude seguir estudiando hasta que partimos todos hacia Hamburgo para coger un barco a Argentina.

-Nueva vida en el Nuevo Mundo.
-El tren se detuvo en Roma y un funcionario nos dijo que en España también se podía estudiar. A las doce salía el tren, pero a menos diez bajamos tres personas. Un mes después, mayo de 1948, estaba en Barcelona.

-¿De qué vivía?
-Al principio ni yo mismo lo sé, la verdad, después conseguí una beca de una organización humanitaria europea que ayudaba a los refugiados que abandonaban países como el mío, que habían pasado tras la guerra a ser comunistas en la esfera soviética.

-Muy oportuna.
-Me matriculé en Medicina ese mismo año y acabé la carrera en 1954. Me quedé en el Clínic aprendiendo. Pero no era como hoy. Recuerdo que había 30 enfermos por habitación y ni un modesto biombo para separarlos. El catedrático era el doctor Agustín Pedro-Pons, y su ayudante, el doctor Farreras; los demás no estábamos en plantilla.

-¿Sólo había dos médicos?
-En plantilla, sí. Era un centro de beneficencia y los enfermos recibían atención a cambio de servir para la docencia. No tuvimos plantilla de médicos hasta la primera reforma que hicimos en el año 1972.

-Menos mal.
-Bueno, la doble dirección asistencial y educativa ha creado algunas disfunciones. Creo que deberíamos volver a unificar la gestión, porque en medicina: docencia, asistencia e investigación son inseparables.

-Tomamos nota.
-Y empezamos a investigar. En 1976, hace ahora 30 años, el doctor Grañena y yo fuimos a Seattle y con el doctor Donnall Thomas aprendimos a hacer trasplante medular. Después Donnall sería el primer Nobel de Medicina dedicado a la práctica clínica...

-Lo entrevisté entonces en Seattle y lo primero que hizo fue mencionarle a usted.
-Somos amigos. Después tratamos juntos a Josep Carreras. Thomas fue miembro fundador de la fundación que preside el tenor y de la que yo soy vicepresidente. Y hoy parece sencillo, pero entonces el trasplante me inspiraba mucho respeto, porque yo no soy cirujano y era cruento: había mucha sangre.

-Pues aprendió usted pronto.
-Es que la medicina no es especialización. Creo que debemos volver a los orígenes, a la asistencia integral, porque el ser humano es un sistema en el que todo está interrelacionado. Si no curas el todo, no curas la parte.

-Por ejemplo...
-He atendido muchos casos en que el origen de la enfermedad estaba muy lejos de donde surgía el trastorno. Recuerdo que un especialista me envió un enfermo con un hígado enorme con el ruego de que localizara el tumor. Pues no era un tumor...

-¿Qué era?
-Le hice un examen más general y descubrí que tenía el corazón muy acelerado y así detecté un problema de hipertiroidismo, que le aceleraba el ritmo cardiaco y por ende obligaba al hígado a trabajar más y ese sobreesfuerzo provocaba la inflamación.

-Buen ejemplo.
-Otro paciente que vomitaba me lo enviaron como enfermo del estómago. Lo exploré y descubrí que tenía una próstata muy grande que le obstruía la vía urinaria y provocaba disfunciones en los riñones, lo que hacía que la urea se acumulara en la sangre e intoxicara la mucosa gástrica, por eso vomitaba.

-En el ser humano todo depende de todo.
-La hiperespecialización médica ha llegado al extremo ridículo de especializar al paciente. Yo tengo una buena amiga enferma que a cada especialista sólo le explica lo que considera de su campo y calla lo demás. Fue al cardiólogo y le refirió un problema de válvula irrelevante, pero no le contó sus graves problemas de tensión, porque le parecieron propios de otro especialista.

-La señora quería adelantarles trabajo.
-Para evitar esos extremos, el médico debe ver, tocar y oler el enfermo a fondo y además reconocer su estado psíquico y su entorno social. Si no considera las tres cosas, falla.

-Un buen médico tiene que entregarse. Por eso también he aprendido que Vir bonus medendi peritus o, como dicen en alemán, Nur ein guter Mensch kann ein guter Artz werden.

-¿Mande?
-El médico no puede ser bueno si no es buena persona: generoso y entregado.

-Pues me temo que hoy hay de todo.
-Por eso el MIR debería seleccionar no sólo a las mejores memorias, sino también a los mejores juicios clínicos y los más entregados y habilidosos. Cuando lo planeamos, siguiendo el modelo americano, el MIR nos puso entre los mejores modelos europeos, pero hoy los estudiantes pasan los seis años de carrera únicamente obsesionados con el examen.

-Un examen así centralizado no puede juzgar habilidades ni actitudes. Por eso creo que los centros deberían participar en la selección de sus residentes. De hecho, en el nuevo Estatut queríamos lograr un MIR catalán.

-¿Y...?
-No prosperó

Fuente: lacontra de lavanguardia.com

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