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Perder el miedo al cambio y apostar a la felicidad

9.6.11
"¡No va más!", se escucha con voz potente. Y no es la del croupier, sino la de muchos que se pasan años diciéndose a sí mismos "no va más"… y sin embargo siguen. Parejas desgastadas, amistades por conveniencia, trabajos que aburren y cansan, vecindarios que deprimen, situaciones que ya no se soportan … ¡Cuántas cosas hay que cambiar alguna vez en la vida y no tenemos el coraje o las fuerzas para dejar escapar ese ¡bastaaaa! que grita en nuestro interior!

No es tarea sencilla. Hay al menos tres grandes explicaciones de por qué cuesta tanto. El psicólogo Guillermo Leone, docente del Centro Gestáltico San Isidro (Buenos Aires) explica que en el caso de las parejas pesa mucho el mandato social de la cultura cristiana de permanecer unidos toda la vida. Pero además hay otra cuestión: "el ser humano trata de vivir según la ley del menor esfuerzo. Un cambio representa una reconfiguración del mundo conocido. Cada uno tiene mapas o interpretaciones del mundo que conoce, y para cambiar está obligado a hacer una nueva cartografía. Esto representa un gran gasto de energía. En el caso de la pareja es comenzar de vuelta, volver a contar mi historia y escuchar la de la otra persona", apunta el experto, que vino a Tucumán para disertar en el Centro Gestáltico San Isidro. Leone pertenece a la Sociedad Gestáltica de Buenos Aires y trabajó varios años en la elaboración del duelo, el estrés postraumático y en el método de las constelaciones familiares.

El último escollo y el más difícil para lograr el cambio es saber que todo corte representa un duelo. Lo es dejar un trabajo, un vínculo o cualquier otra actividad que me saque de mi cotidianeidad. "El duelo se da en tres dimensiones temporales: por lo que tuve y ya no tengo; por mi cotidianeidad presente y por lo que soñé y ya no será", explica a La gaceta.

Una raíz fisiológica
El miedo al cambio tiene una raíz fisiológica, dice Leone. "El primer cambio es el nacimiento. En el vientre materno todas nuestras necesidades están satisfechas, no sentimos hambre ni presiones y todo es armonía, y de golpe nos sentimos oprimidos y atravesamos una experiencia mortal, extrema, que es el parto. El bebé sufre la compresión del nacimiento, que queda grabado en la memoria como un prototipo fisiológico del cambio. La angustia remite a la angostura del canal del parto. Esto es lo que nos pasa ante el cambio, sentimos angustia, porque nuestro cuerpo recuerda aquella primera experiencia. El cambio viene acompañado de concomitantes fisiológicos como la falta de aire, el nudo en la garganta, la opresión en el pecho y la aceleración del ritmo cardíaco", indicó.

Cambiar de trabajo
Todos nuestros vínculos funcionan como apoyos o soportes relacionales. Estos nos dan seguridad. "El mundo se vuelve seguro cuando pertenezco a un clan, porque por naturaleza somos seres gregarios. Y perder esos apoyos de personas o inserciones sociales se nos presenta como una amenaza a la supervivencia. Esto ocurre cuando pienso en dejar un trabajo. El pertenecer a una empresa nos da reconocimiento dentro del grupo, y nos garantiza nuestra supervivencia. No nos olvidemos de que en la antigüedad el peor castigo no era la muerte sino el exilio. Por lo tanto el trabajo, en nuestra cultura, es una inserción clave, casi una marca de pertenencia" explica.

Cuando una persona trabajó toda su vida y su identidad venía de pertenecer a esa familia, es muy difícil cortar esa relación. Pero si el trabajo o una relación de años ya no ayuda al crecimiento personal, entonces habrá que cerrar los ojos y empezar a imaginarse que la felicidad es posible en otro lado.

Fuente: lagaceta.com.ar
 
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