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Nos tomamos demasiado en serio

29.4.14

Entrevista al filósofo Ernst Tugendhat. Nació en Brno (República Checa) y vive en una ciudad universitaria alemana, Tübingen. Sostiene que uno debería luchar contra lo que considera injusto

 Ernst Tugendhat filosofo

A los 8 años, huyendo de los nazis fuimos a Venezuela. Allí tenía un lugar en el monte en el que vivía mis experiencias místicas....En Europa lo místico está relacionado con Dios, mientras que el misticismo que a mí me atrae es el asiático, en especial el taoísmo. Yo creo que la muerte es el final.

¿Y entonces?
Frente a la muerte la única postura es no tomarse en serio a uno mismo. Si crees que lo más importante del mundo es tu propia vida, entonces sufres una angustia terrible ante la muerte, y es una tontería....La muerte no es otra cosa que el fin de la vida; al ser consciente de ella uno se hace más consciente de la vida.

¿Ha tenido momentos de comunión con el cosmos?
Muchos menos de los que me hubiera gustado. Yo no estoy muy dotado para la mística, pienso más en ella que la experimento.

¿Nunca la ha experimentado?
Quizá en la adolescencia, cuando esa conciencia de la totalidad de las cosas surge.

¿Qué hecho marcó esa adolescencia?
Cuando salimos hacía Venezuela, en el año 41, cruzamos en tren España y tuve mi primera experiencia con la pobreza.... una madre y dos niños tirados en una esquina. Imaginé cómo es una vida en la que uno está en una situación difícil no un rato, sino todo el tiempo. Parece terrible.

Yo llamo mística a la conciencia del resto del mundo, y una parte de esa conciencia son las cosas malas que les pasan a los humanos y también a los animales. Siempre, ya en mi primera infancia, he tenido un sentimiento de compasión hacía los animales que sufrían...

Cada cual contribuye con lo que crea.
Hay gente que ha sido capaz de estudiar medicina y marcharse a África a ayudar. Hay diferencias. Yo no diría que, cuando simplemente hacemos lo que queremos, contribuimos...tengo conciencia de ser una persona poco social, muy solitaria, y me dediqué a la filosofía.

Nunca me casé e hice poco por el mundo. Cuando era profesor en Berlín luché en movimientos contra los cohetes nucleares, por la paz y por el derecho de asilo en Alemania. Pero ahora ya no hago nada, ni siquiera escribiré más libros, soy muy viejo.

¿Qué va a hacer?
No lo sé muy bien. Creo que a partir de los 75 años vienen malos tiempos: uno se aburre viviendo solo, je, je, je.

¿Qué merece la pena en la vida?
La mística...Una conciencia universal. Ese es para mí el aspecto central de la vida, una conciencia equilibrada y mística. Creo que debería haber un equilibrio entre recogimiento y vida activa, algo muy difícil. La mayor dificultad es tomar en serio las cosas que uno hace pero no demasiado.

¿O te pasas o no llegas?
Ya sé que parece una contradicción. Pero después de mucho observar creo que exageramos; perseguimos ambiciones y...

Dramatizamos.
Sí, ponemos mucho sentimiento en cosas realmente pequeñas si nos paramos a pensarlo. La mística consiste sólo en eso: en darse cuenta de que la mayoría de las cosas que hacemos son muy pequeñas y que en el transcurso de la historia no somos más que minúsculas hormigas. Hay que relativizar.

Fuente: entrevista adaptada de la contra de lavanguardia.com
 
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