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Con pasión se puede aprender de todo

8.8.11
Todo sucedió una noche, cuando Euprepio Padula soñó que su habitación se llenaba de pinceles y colores.

Corría el año 2001 y, aparentemente, este ejecutivo italiano había conseguido todo lo que necesitaba para sentirse satisfecho: una carrera prometedora como headhunter en Nicholson International, un buen salario, una casa, estabilidad...

“Pero algo fallaba, me di cuenta de que estaba volcando toda mi creatividad en el plano laboral. No era feliz. Aquel sueño fue la revelación de que algo debía cambiar en mi vida”, recuerda.

Y así fue cómo retomó una de esas aficiones que a menudo abandonamos cuando llegamos a la edad adolescente: la pintura. Pintura como arte abstracto, violento, pasional. “Para mí este reencuentro era como una tormenta de emociones que completaba mi faceta más racional, la laboral”.

A partir de 2003 continuó su carrera en Alexander Mann, donde fue director general mundial del área de executive search y miembro del comité de dirección. Pero una vez abierta su veda artística, necesitó dar un paso más en su trayectoria profesional.

‘Art in business’
En 2005, en un intento de unir las dos caras de su vida, la laboral y la emocional, fundó su propia empresa de cazatalentos y consultoría, Padula & Partners. Hoy, por ejemplo, las sesiones de art in business de esta firma tratan de estimular la actitud de los ejecutivos que, contando con el conocimiento técnico necesario para desempeñar su trabajo, carecen de motivación.

Estas terapias de coaching grupal utilizan el arte como herramienta principal para desarrollar las habilidades directivas de los profesionales y para despertar las emociones que tenían dormidas. “La crisis –dice– nos está permitiendo explorar con intensidad la parte emocional de la gestión. Yo soy mejor directivo desde que pinto”.

Padula reconoce que lo que más le importa es hacer bien su trabajo, así como tener un trato excelente con sus clientes y con sus empleados. “Jamás he mirado una cuenta de resultados”, confiesa. Y es aquí donde el plano pasional cobra más sentido. “Hay estilos de dirección que generan distancia emocional, pero yo creo que no se trata de rechazar los sentimientos, sino de aprender a gestionarlos: de trabajar... sintiendo. Y de disfrutar... trabajando”, reflexiona Padula.

Para esto es fundamental planificar bien el tiempo y evitar el estrés. “Por ejemplo, para esta entrevista yo he reservado dos horas. No quiero ir con prisas, quiero disfrutar de nuestra conversación. Luego tendré que cerrar varios asuntos, pero eso se hará a su tiempo”, explica.

Si en su trabajo como cazatalentos Padula trata de explorar la vertiente emocional de sus clientes, de puertas para afuera lo hace consigo mismo.

Primero, viviendo la ciudad, sus calles, los parques, observando a los transeúntes, a los niños, a los ancianos... “No tengo carnet de conducir, me gusta ir a trabajar caminando o pasear hasta el taller que tengo en la calle Augusto Figueroa, donde cada fin de semana doy rienda suelta a mi imaginación”, explica. Las noches las dedica a conversar con “amigos que son clientes” –y con “clientes que son amigos”– y, siempre que puede, trata de rodearse de personas de profesiones y clases sociales diferentes. “La mezcla enriquece la vida”.

Euprepio Padula ha organizado más de veinte exposiciones de pintura. La próxima será de trajes que simbolizan la vida profesional, “casi un autorretrato”.

Retrato de un ‘headhunter’
Licenciado en Derecho por la Universidad de Bari, Euprepio Padula (Italia, 1964) es consciente de que su fortaleza humana y profesional reside en su enorme sensibilidad. Sus dotes comerciales lo llevaron a alejarse de la abogacía y su floreciente creatividad acabó convirtiéndose en genialidad. La del directivo que se convierte en artista, o la del artista que torna en directivo. Duerme apenas cuatro horas, pero se despierta con buen ánimo. Le gustan las redes sociales, sobre todo, Facebook, donde cuelga postales de sus cuadros.

Siempre que puede se echa una siesta de media hora, “vestido y con el telediario de fondo”. Le encanta cocinar y, entre otros grupos, disfruta escuchando a Depeche Mode, María Callas, AC/DC, Madonna o Lady Gaga. Prefiere una buena conversación a un gran evento social. Su ídolo es Leonardo Da Vinci, “porque demostró que con pasión y un poco de ignorancia se puede tener la sensibilidad y la inquietud para aprenderlo todo”. Tiene 55 primos y catorce sobrino nietos.
 
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