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Cambia tu mente e influye en tu mundo

25.12.13
El Dr. Joe Dispenza sostiene: "Cada vez que aprendemos y tenemos experiencias nuevas, cientos de miles de neuronas se reorganizan". 

El Doctor Joe Dispenza, reconocido a nivel internacional debido a su novedosa teoría acerca de la relación mente-materia, comenta las extraordinarias propiedades que el cerebro ha revelado a los científicos en la última década.

"La ciencia comienza a entender que, además de permitir que el entorno modele nuestro cerebro, podemos crear conexiones sinápticas en el mismo, sólo con enfocar nuestra atención en un pensamiento".

Cada vez que tenemos una nueva experiencia, una conexión sináptica se crea en nuestro cerebro y si la experiencia se repite en un lapso de tiempo relativamente corto, dicha conexión se fortalece; si no lo hace en un largo período de tiempo, la conexión se debilita o se pierde.

La plasticidad de nuestro cerebro
joe dispenza ley de la atraccion
La plasticidad cerebral es la capacidad de nuestro cerebro para cambiar su forma física y constituye una de las propiedades más asombrosas en el campo de la neurobiología. Sin embargo, la influencia de cada experiencia corporal sobre nuestro órgano pensante (sueño, felicidad, miedo, etc) es un campo en el que muchos científicos del pensamiento adivinan pueda subyacer una relación inversa.

Se sabe que un viento freso es capaz de erizar todos los bellos de un antebrazo, entoces ¿es capaz la mente humana de crear la misma sensación con idénticos resultados?

Para el Dr. Dispenza, el cerebro no sólo puede recrear físicamente todos los estados que naturalmente percibe del ambiente, sino que es capaz de alterar el entorno social entero con el suficiente entrenamiento y la merecida intención. "Mente y materia no están separadas. Los humanos pues, podemos usar la mente subjetiva para influir en el mundo objetivo" , alega el autor de "Desarrolla tu cerebro: la ciencia de cambiar tu mente".

El especialista además sostiene que el cerebro es incapaz de diferenciar entre una sensación física real de una sensación provocada mentalmente. De tal modo y con el suficiente enfoque, nuestra materia gris podría verse engañada con el objetivo de revertir estados físicos negativos.

Joe Dispenza pone el siguiente ejemplo: Una vez seleccioné a dos personas. La primera para que una estirara con un dedo un cordel durante una hora al día, durante cinco días a la semana, durante cuatro semanas. Su dedo ganó un 30% más de fuerza. La segunda persona hizo lo mismo… pero sólo mentalmente. Su dedo ganó un 22% más de fuerza!

Actualmente, los científicos estudian cuán profundo puede tornarse el juego en el que la mente domina a la materia. Desde el efecto placebo hasta los practicantes de Tummo, quienes sudan mientras meditan a temperaturas bajo cero, la influencia de una porción "espiritual" del ser humano sobre una porción innegablemente física del mismo, desafía a las concepciones tradicionales acerca del pensamiento, donde la materia se regía por leyes físicas y la mente se remitía a un mero producto de interacciones químicas neuronales.

Dispenza sostiene que sus investigaciones provienen de un campo tan estudiado como la física cuántica, y que su propia experiencia de remisión espontánea de una enfermedad constituye un punto de partida para el estudio de la influencia mental. Dispenza, tras un accidente automovilístico que tuvo en su juventud, en el que los doctores solo veían como salida un procedimiento quirúrgico, decidió desafiar a la ciencia y cambiar su estado de discapacidad con el entrenamiento mental diario. "Decidí que no me operaría y que usaría mi mente para que mi cuerpo mejorase. Y funcionó. Decidí dedicar mi vida a estudiar la conexión entre cuerpo y mente para lograr cambios".

Joe Dispenza ha logrado registrar decenas de casos de remisión espontánea de enfermedades, en los cuales el paciente, generalmente afectado de patologías severas, lograba darse cuenta de que la dolencia era solo un producto de una mentalidad negativa, revirtiéndola después de un poco de entrenamiento. Tales argumentos, acompañados de evidencias como el efecto placebo y el asombroso dominio corporal de algunos monjes budistas, dejarían sin fundamento a cualquier defensor de “la mente como producto de la materia".

Adictos a los sentimientos
Otro punto importante en las investigaciones del Dr. Dispenza, es la inconciente adicción que desarrollamos los seres humanos por sentimientos  negativos o positivos. Según Dispenza, los sentimientos condenan a una persona a la repetición de comportamientos, desarrollando una "adicción" a la combinación de sustancias químicas específicas para cada sentimiento que "inunda” el cerebro con cierta frecuencia.

De tal modo, podría decirse que una persona temerosa es adicta al sentimiento de temor. Su cerebro es capaz de liberar cada vez más fácilmente una combinación química propia del temor ante determinadas circunstancias y los receptores para tales sustancias también serían producidos en mayor número. Del mismo modo se aplicaría la relación a la ira, la depresión y demás pasiones.

También hay críticos
Sin embargo, Dispenza parece tener adeptos pero también detractores a la hora de demostrar que los pensamientos pueden modificar un campo espacial más allá del propio organismo. El estudioso alega que si la teoría de "crear nuestra propia realidad" no suena científica, las partículas elementales tampoco deberían de serlo. "(Las partículas) se comportan contrariando las leyes de la física mecánica.

Donde todo parece sólido, ¿qué hay? ...Abismos de vacío... en el átomo, entre los electrones y el núcleo, hay inmensidades de vacío; y entre los protones y neutrones del núcleo del átomo, hay más inmensidades de vacío… O sea, los ladrillos de la materia… están vacíos. ¡La materia es mero vacío!. dice Dispenza.

Experimenta
Dispenza, asegura que hemos estado afectando nuestra realidad durante siglos y sin darnos cuenta. Cuando le preguntan como puede ser eso posible,  sostiene que "al rezar". Ya que según el especialista, orar es cerrar los ojos y pensar; y para eso no es necesario ningún Dios ni nada de eso: se basta uno.

Y esto es lo que propone: Experimentar.  Haz de tu vida tu propio experimento científico.

Fuente: lagranepoca.com

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