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Si no buscamos un cambio, las cosas seguirán igual

11.4.13
Crecimiento personal - terapia gestalt

Hasta su encuentro con Susana Milderman y su sistema de gimnasia expresiva yogui, el doctor Hugo Ardiles era un joven violinista que integraba la Orquesta Filarmónica del Teatro Colón. Previamente había tocado en la Orquesta Sinfónica de Córdoba, su ciudad natal, y en la Orquesta de Cámara Promúsica.

Seguir la propuesta de Milderman para encontrar un camino propio lo llevó a abandonar una beca para continuar estudios en Estados Unidos y una invitación para incorporarse a la Orquesta Filarmónica de Viena. Luego, a recibirse de médico especializado en fisiatría en la Universidad de Buenos Aires, estudiar homeopatía y especializarse en psicología gestáltica, e incluso a investigar en la terapia de vidas pasadas.

"Una disciplina me llevaba a la otra, hasta desembocar en la creación de mi escuela, Centros de Energía Terapia Corporal, que aplica las técnicas del yoga a la medicina. Me suelen preguntar cuál de todas estas cosas que hice considero la más importante. Mi respuesta es que lo más importante para mí es lo que estoy haciendo en este momento, responder a un reportaje."
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-¿En qué consiste su terapia corporal de los centros de energía?

-Vivimos emocionados y expresando emociones. Podemos estar dos minutos sin respirar, pero ni un segundo sin expresar. Al mismo tiempo, según el yoga, el ser humano es una totalidad mente-cuerpo formada por siete cuerpos interdependientes: cuerpo orgánico, cuerpo energético, cuerpo emocional, cuerpo afectivo o relacional, cuerpo intelectual, cuerpo mental superior y cuerpo espiritual. Según el modo de vida, se pueden formar corazas que afectan estos centros e impiden la expresión de los sentimientos.

-¿Por ejemplo?

-En hijos de padres autoritarios, síntomas como mandíbulas apretadas, contracción de músculos faciales y torácicos, y una expresión corporal que entorpece la manifestación de las emociones. La terapia consiste en desbloquear la energía de los centros, por un lado, y desarrollar la intuición y la creatividad, por el otro. Es una forma de yoga movilizadora, y a cada centro corresponde un tipo de música distinto. Percusión para el centro corporal, el de los pies y las piernas que está en contacto con la tierra; Mozart o Beethoven para la cabeza, que constituye el cuerpo creativo.

-¿Cómo ve la sociedad actual?

-Depende de los anteojos que se ponga para mirarla. No es fácil describirla, pero creo que es una sociedad muy dividida y contradictoria. Si nos ponemos los anteojos de la espiritualidad, vemos que hay mucho por hacer. Por ejemplo, en su mayoría, las grandes religiones fueron creadas para predicar el amor entre los hombres. Sin embargo, cuando repasamos la historia vemos que han sido también generadoras de conflictos, violencias, guerras e intolerancia. ¿Dónde quedó el amor?

Años atrás surgió un movimiento que invitaba al ser humano a vivir sanamente. Cuidar el cuerpo, desechar costumbres nocivas, desarrollar su vida espiritual. Pero pronto surgió otro movimiento paralelo, incluso formado en parte por algunos impulsores de la vida sana, que transformó la propuesta en un gran negocio.

Piense en una figura querida como el Mahatma Gandhi, al que su lucha por la liberación de la India lo fue llevando a una extrema pobreza, a estar vestido con un taparrabos. Su lucha no violenta logró que Gran Bretaña abandonara la India. Pero con la libertad se desató una tremenda violencia entre hindúes y musulmanes que se cobró miles de muertos. Claro que esta situación no nos debe llevar a bajar los brazos para lograr un mundo mejor.

-¿Qué podría hacer el hombre promedio?

-Cambiar de actitud, renovarse, buscar un camino y comprometerse. Si no buscamos un cambio, las cosas seguirán así.

-¿Buscar un camino?

-Eso es algo ineludible que nadie puede hacer por nosotros. No es tan difícil: lo hacemos difícil porque planteamos mal el problema. Porque, en realidad, no importa el camino. Lo importante es la profundidad, la manera de andar. Cristianismo, budismo, yoga, es indistinto; porque la meta, lo que nos espera al final del camino, que es la realización espiritual, es la misma para todos.

-¿Recuerda alguna experiencia con la terapia de vidas pasadas?

-Una particularmente importante y conmovedora. Durante una sesión de terapia de vidas pasadas me vi personificando a un monje tibetano en un monasterio de la ciudad de Lhasa, la capital del techo del mundo , como le dicen al Tíbet. Entonces decidí encontrar el monasterio donde había vivido como monje en esa otra vida. Pero comencé el proyecto con grandes dudas: no tenía dinero suficiente y el Tíbet era un país con un situación política muy conflictiva, por la invasión de China continental. Sin embargo, todo se fue dando para que pudiera realizar el viaje. Como deslizarse por un tobogán. Viajé en junio de 1991 y durante dos años recorrí la India, Nepal y el Tíbet.

-¿Lo encontró?

-¡Lo encontré! Era el monasterio de Drepung, a 8 kilómetros de Lhasa. Fue construido a mediados del siglo XV y era uno de los tres monasterios antiguos más importantes, con sus paredes de piedra, en parte pintadas de amarillo, y sus ambientes interiores en bordó con multitud de pequeños dibujos. Fue una gran emoción. Conté mi experiencia en Regreso al Tíbet , libro que ya tuvo dos ediciones: una en 1996 y otra, al año siguiente.

Fuente: L. Aubele para lanacion.com.ar
 
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