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La mente subconsciente

28.12.11
La mente subconsciente

La evolución de los mamíferos superiores, entre los que se incluyen los chimpancés, los cetáceos y los humanos, provocó un nuevo nivel de conciencia llamado autoconciencia o, sencillamente, mente consciente. Esta nueva mente consciente supone una importante ventaja evolutiva. Si la mente subconsciente es nuestro piloto automático, la mente consciente es el control manual. Por ejemplo, si una pelota se acerca a tu ojo, la mente consciente (más lenta) tal vez no tenga tiempo de percibir el amenazador proyectil. Sin embargo, la mente subconsciente, que procesa alrededor de veinte millones de estímulos por segundo (frente a los cuarenta que interpreta la mente consciente en ese mismo tiempo) hará que el ojo se cierre (Norretranders, 1998).

El subconsciente, uno de los procesadores de información más poderosos que se conocen, examina con detenimiento el mundo que nos rodea y las señales internas; percibe las condiciones del entorno y reacciona de forma inmediata seleccionando un comportamiento previamente adquirido (aprendido) y todo sin la ayuda, la supervisión o siquiera la conciencia de la mente consciente.
La mente subconsciente

Las dos mentes forman un dúo de lo más activo. Cuando operan juntas, la mente consciente puede utilizar todos sus recursos para concentrarse en un punto específico, como por ejemplo la fiesta a la que piensas asistir el viernes por la noche. De forma simultánea, el subconsciente sigue cortando el césped sin rebanarte un pie y sin atropellar al gato, aun cuando no estés prestando atención. Ambas mentes cooperan también a la hora de aprender comportamientos complejos que después serán ejecutados de forma inconsciente.

¿Recuerdas el primer día que te sentaste emocionado en el asiento del conductor, preparado para aprender a conducir? La cantidad de cosas que tenía que procesar la mente consciente resultaba abrumadora. Mientras mantenías la vista clavada en la carretera, tenías también que mirar el espejo retrovisor y el lateral, prestar atención al cuentakilómetros y a los demás indicadores, utilizar los dos pies para los tres pedales del vehículo y tratar de permanecer en calma, sereno y sosegado mientras conducías bajo la atenta mirada de los demás. Pasó bastante tiempo antes de que todas esas pautas pudieran almacenarse en tu mente.

Hoy en día, te metes en el coche, lo pones en marcha y revisas sin darte cuenta la lista de la compra mientras el subconsciente se encarga de activar todas las complejas habilidades necesarias para conducir sin problemas por la ciudad, sin que tengas que pensar ni una vez en cómo se conduce. Sé que no soy el único que ha notado esto. Conduces mientras mantienes una deliciosa conversación con la persona que se sienta a tu lado y estás tan absorto en la charla que en algún punto de la carretera te das cuenta de que llevas cinco minutos sin prestarle atención a la conducción. Después de un momento de sorpresa, comprendes que todavía estás en el carril debido y que sigues avanzando con el resto de vehículos. Un rápido vistazo al espejo
retrovisor revela que no has dejado una hilera de señales de detención obligatoria aplastadas y buzones destrozados. Si tú no estabas conduciendo el coche durante ese lapso de tiempo, ¿quién lo hacía? ¡La mente
subconsciente! Aunque tú no estuvieras pendiente, el subconsciente ha conducido tal y como le enseñaron a hacerlo durante las clases de  conducción.

Además de agilizar los comportamientos rutinarios de la mente subconsciente, la mente consciente también tiene la facultad de mostrarse creativa de manera espontánea en respuesta a los estímulos del entorno.
Mediante esta capacidad, la mente consciente puede examinar los comportamientos que se están llevando a cabo. Cuando se desarrolla un comportamiento preprogramado, la vigilante mente consciente puede intervenir, detener dicho comportamiento y crear una nueva respuesta. De esta forma, la mente consciente nos confiere libre albedrío, lo que significa que no somos sólo víctimas de nuestra programación. Para lograrlo, no obstante, hay que prestar mucha atención, ya que en caso contrario la programación subconsciente toma las riendas; es una tarea difícil, como puede atestiguar cualquiera que haya puesto a prueba alguna vez su fuerza de voluntad. La programación subconsciente se hace con el control en el momento en que la mente consciente se descuida.

La mente consciente también puede adelantarse o retroceder en el tiempo, mientras que la subconsciente sólo opera en el momento presente. Cuando la mente consciente está soñando despierta, creando planes de futuro o reviviendo experiencias pasadas, la mente subconsciente se encuentra al mando, manejando con eficacia los comportamientos requeridos en ese preciso instante sin necesidad de la supervisión consciente.

Ambas mentes forman un mecanismo fantástico, pero este mecanismo también puede estropearse. La mente consciente es el «yo», la voz de nuestros pensamientos. Puede tener grandes visiones o planes de futuro llenos de amor, salud, felicidad y prosperidad. Mientras ocupamos nuestra mente consciente con pensamientos felices, ¿quién se encarga de dirigir la función? El subconsciente. ¿Cómo se las apaña el subconsciente para dirigir nuestros asuntos? Justo como le han enseñado a hacerlo.

Es posible que los comportamientos subconscientes que se llevan a cabo cuando no prestamos atención no sean creaciones nuestras, ya que la mayor parte de las conductas se han aprendido observando a otras personas. Puesto que los comportamientos realizados por el subconsciente no suelen estar vigilados por la mente consciente, mucha gente se sorprende al descubrir que son «iguales» que su padre o que su madre, las personas que programaron su mente subconsciente.

Cabe también la posibilidad de que los comportamientos aprendidos y las creencias adquiridas de otras personas (de los padres, de los amigos o de los profesores, por ejemplo) no estén de acuerdo con las metas de nuestra mente consciente. El mayor obstáculo para conseguir el éxito en aquello que soñamos son las limitaciones programadas en el subconsciente. Estas limitaciones no sólo influyen en nuestro comportamiento, sino que también pueden jugar un papel fundamental en nuestra salud y nuestra fisiología. Como hemos visto antes, la mente juega un papel muy importante en el control de los sistemas biológicos que nos mantienen con vida.

La Naturaleza no pretendía que la presencia de una mente dual se convirtiera en nuestro talón de Aquiles. De hecho, esta dualidad nos ofrece maravillosas ventajas en la vida. Piénsalo de esta forma: ¿qué ocurriría si
tuviésemos unos padres y unos maestros maravillosos que nos sirvieran como modelos de vida, siempre involucrados en relaciones humanas de beneficio mutuo con todos los miembros de la comunidad? Si nuestra mente subconsciente fuera programada con unos comportamientos tan saludables, ¡podríamos tener éxito en nuestras vidas sin ni siquiera proponérnoslo!

Fuente: extracto del libro La biología de la creencia de Bruce Lipton
 
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