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La importancia de creer en uno mismo

4.8.14

Para vivir necesitamos entusiasmo, es uno de los motores de la vida. Nada se puede esperar de quien no cree en sí mismo.


Hoy en día, mucha gente se siente abrumada por sentimientos de desesperanza y pérdida de validez personal. No cabe duda de que existen razones para ello. Pero también es cierto que por nuestras venas sigue circulando la vida, que el corazón sigue latiendo, que todo nuestro organismo sigue despierto y sensible.

No hemos perdido aún la capacidad de sentirnos vivos, de decidir hasta dónde queremos que nos afecten los sucesos del exterior y, sobre todo, no hemos perdido la facultad de seguir sintiendo y amando. Tenemos, si queremos, la posibilidad de cambiar, de decidir cómo vivir.

nada es imposible

En tiempos de incertidumbre y desesperanza parece contrapuesto estar reivindicando el entusiasmo como motor de nuestra existencia, tanto individual como colectiva. Sin embargo, es un ejercicio necesario el comprender la simultaneidad de nuestras emociones, así como las graves consecuencias que conlleva instalarse en creencias limitantes, más aún cuando se contagian masivamente.

"Los ideales que iluminan mi camino y una y otra vez me han dado coraje para enfrentar la vida con alegría han sido: la amabilidad, la belleza y la verdad" (Albert Einstein)

Existen motivos para la indignación y también para la alegría o el entusiasmo. Lo malo es cuando quedamos atrapados en un sentimiento y lo convertimos en el filtro por el que percibimos toda realidad. Sabemos que, atrapados en una emoción, no solo se resiente nuestro organismo, sino que acuden a nuestra mente ideas y planes tamizados por dicha emoción. Si hay miedo, por ejemplo, se contrae el estómago, asoman expresiones de terror y acuden a la mente imágenes dramáticas. Si, por el contrario, sentimos emociones positivas, los efectos también lo serán.

CONTAGIARSE DE ENTUSIASMO

"Los años arrugan la piel, pero renunciar al entusiasmo arruga el alma" (Albert Schweitzer)

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El entusiasta tiene el poder de crear dentro de sí mismo y, lo mejor, contagiarlo a los demás. Esa es una de las claves del éxito en la vida. El entusiasmo tiene la mayor capacidad de influencia, mientras que el desánimo ahuyenta. El entusiasta que no vende humo despierta luz en los demás.

La primera ocurrencia errónea, cuando se habla de estas facultades, es considerarlas propiedades naturales o genéticas. Pero el entusiasmo es energía creadora, una fuerza generativa voluntaria. La tenemos todos, porque todos, en algún aspecto, hemos sentido su fulgor ante expectativas ilusionantes. Lo único que puede coartar su presencia son las creencias limitantes;   los "no puedo", "no sé", "no servirá de nada", "es imposible"...

¿Para qué entusiasmarse ante tantas dificultades como nos pone la vida?
Para convertirlas en posibilidades.
¿De qué sirve el entusiasmo cuando no se tiene trabajo?
Pues precisamente para crear mejores condiciones para conseguirlo.

El reconocido psicólogo Martin Seligman confirmó en sus estudios que el entusiasmo se encuentra en aquellos individuos que piensan que hay que vivir plenamente cada momento de la vida, evitando el abatimiento y la indefensión.

¿Cuánto tiempo queremos permanecer encerrados en el sufrimiento? ¿Tiene alguna utilidad? ¿Cómo salir de ahí?

DEL DESÁNIMO A LA ILUSIÓN

"La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla; si uno la empuja, la cierra cada vez más" (Sören Kierkegaard)

Es un hecho que el desánimo forma parte de nuestro vivir. Caer, entonces, no es el problema. Lo será el tiempo que necesitemos para levantarnos de nuevo. Hoy sabemos que estos procesos internos, la gestión de nuestras emociones, no depende solo de los estímulos exteriores, sino del manejo de nuestra mente; entre otras cosas, porque esa misma mente es la que crea estímulos que se convierten en estados emocionales.

Pasar del desánimo a la ilusión es un ejercicio que requiere manejar sabiamente nuestros pensamientos y nuestras palabras, sosteniendo lo positivo y bloqueando toda anticipación negativa o dramática de un hecho que aún no ha ocurrido. Ocupémonos con entusiasmo del presente y dejemos para mañana lo que es del mañana.

El entusiasmo es signo de salud espiritual, decía Gregorio Marañón. Quizá sea el remedio que necesitamos ante la avalancha y la indigestión de tanto mensaje catastrofista. Por qué no mirar a nuestro alrededor y poner la atención en las cosas pequeñas, en los gestos amables, en las miradas tiernas, en los detalles que contiene un hermoso día de sol o en la pasión que transmiten los que aman a la vida.

Libros
  • 'La inutilidad del sufrimiento', de María Jesús Álava 
  • 'La fuerza del optimismo', de Luis Rojas Marcos
  • 'El entusiasmo'. Cuentos y relatos de Antonio Skármeta 
Películas
  • 'Patch Adams', de Tom Shadyac.
  • 'Mi pie izquierdo', de Jim Sheridan.
  • 'La vida es bella', de Roberto Benigni.
Fuente:  X. Guix para elpais.com

1 comentarios :

  1. Anónimo4.9.14

    Eso es fundamental, tener autoestima y creer en uno mismo para alcanzar los objetivos

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