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La rutina adormece el cerebro

8.3.12

Cambia tu mente-Por Joe Dispenza

La exitosa película-documental “¿Y tú qué sabes?”  catapultó a la fama al quiopráctico Joe Dispenza. El autor del libro, “Desarrolla tu cerebro: la ciencia de cambiar tu mente", en la presente entrevista habla de sus investigaciones y de cómo entrenar el cerebro para obtener un cambio evolutivo en la mente

Lanzado como conferenciante internacional. Hace unos años realizó un seminario en el colegio mayor Sant Jordi de la Universidad de Barcelona en el que destacó lo importante que es entrenar el cerebro para que funcione de acuerdo con lo que nosotros deseamos y no por su automatismo. Al respecto planteó: “Si pasamos la mayoría del día respondiendo al ambiente, teniendo las mismas situaciones, trabajo, relaciones… ¿como podemos cambiar?”.
La rutina adormece el cerebro joe dispenza

Algo inmaterial como los pensamientos controla algo material como el cuerpo. Nuestro cerebro se va acostumbrando a los mismos circuitos neuronales que ha ido creando, con sus consiguientes descargas bioquímicas, de manera que vamos creciendo y repitiendo las mismas emociones, pensamientos, hasta el punto que el cuerpo (el cerebro) toma las riendas de nuestra vida. Sin embargo, dejamos nuestro destino en manos de nuestro cuerpo, “el amo se transforma en sirviente”. Generamos circuitos pensando, por ejemplo, “soy inseguro”: el pensamiento genera un químico que actúa sobre el cuerpo, a su vez el cuerpo toma ese químico y se hace “adicto” a esa reacción, como consecuencia se reafirma el pensamiento.

Intentando despertar la inquietud en el público, afirmó: “No cambiamos nuestro destino porque no creemos que sea posible”. El cambio es como cruzar un río de agua gélida.
“Muchos se tiran al agua y al llegar a la mitad del río dicen ‘¡esta fría!’, y regresan a donde estaban. Nadie nos dijo que el cambio sería incómodo. Cuando cortamos el flujo típico de los químicos producen malestar”, expresó. Los ciclos de pensar y sentir generan nuestra personalidad. Cambiar es pensar más allá de cómo nos sentimos.

Respecto a la cuestión cuántica, apuntó que “el pensamiento crea la experiencia. El entorno es una prolongación de la mente. Si cambiamos nuestra mente, nuestro entorno cambiará”. Debemos anticiparnos al entorno, pensar en el futuro, así el cerebro no estará anclado en el pasado, sino en un mapa del futuro. Ahora bien, no debemos predecir cómo llegaremos a ese objetivo, ese es el milagro de la vida.
Debemos entrenarnos diariamente en el nuevo yo. Al comentar su forma de encarar el día, dijo: “Cada día digo cuál es mi ideal mayor que puedo ser hoy, ¿cómo puedo mejorarlo en la próxima? Preparo mi mente para mi nueva experiencia”.

Además hay que desaprender: reestructurar las redes neuronales. Desaprender los hábitos que hemos aprendido acerca de nosotros mismos. “¡Hay que reinventarse!”, enfatizó, y pasó a comentar de una forma más cercana su experiencia personal en su proceso de cambio después del éxito de su aparición en “¿Y tú qué sabes?”. Compartiendo sensaciones, y sentimientos vividos, definió que “mi misión es ayudar a los demás a cambiar”.

Dispenza expresó que luego de muchos años de estudiar remisiones espontáneas de graves enfermedades, diferencia cuatro elementos en común en todos aquellos que logran sobrevivir y curarse contra todo pronóstico:
  1. Reconocer, pensar o sentir la existencia una inteligencia superior dentro de ellos. Pensaron: “Si le doy las instrucciones a esa inteligencia superior, tal vez sane”. “Hay que dar las instrucciones y luego permitir que la inteligencia superior lo haga”, dijo.
  2. Aceptación y responsabilidad: todas aceptaron que fueron sus propios pensamientos y reacciones las que crearon su enfermedad,
  3. Me debo reinventar. No puedo ser el mismo con los mismos pensamientos. ¿Qué significa para mí ser feliz? Para mí, ¿quiénes son felices? ¿A qué personas de la historia quiero parecerme?
  4. En el transcurso del cambio perdieron la noción del tiempo y del espacio. “En el proceso de creación estoy tan involucrado en lo que hago que me olvido de mí”.
Resaltó: “La rutina adormece el cerebro, el sirviente se transforma en el maestro, dejamos todo al destino. Estamos entrenando a nuestro sirviente en una nueva agenda. Hay que enamorarse del nuevo yo... Estamos cabalgando a espaldas de un gigante. Sólo tenemos que susurrar a sus orejas”.

A continuación la entrevista:

-¿La mente es sólo el cerebro?
-No, el cerebro sólo es cerebro, pero la mente es el cerebro en acción, el cerebro trabajando. Es cuando el cerebro está animado con la vida y esta es la definición neurocientífica de la mente. Cuando la conciencia utiliza el cerebro produce la mente.

-¿En lo que explica habla del alma, pero no del espíritu?
-Para mí el espíritu es sinónimo de conciencia.

-El Dalai Lama en la reciente conferencia que dio en Barcelona se refirió a la influencia del pasado, de los recuerdos. ¿Cuál es el propósito de los recuerdos, ya que usted también habla mucho de ellos.
-Los recuerdos son los ladrillos que usamos para diseñar las realidades futuras. Los recuerdos los utilizamos para construir comprensiones mayores, para formular posibilidades y especular resultados. El cerebro es un procesador cuántico no lineal que nos permite usar experiencias y aprender de esas experiencias modificando conductas, así pueden suceder nuevos eventos. Es lo que la llamamos evolución. El problema es que la mayoría de la gente tiene una experiencia que produce una emoción y vive de acuerdo con esa emoción. Retorna para cambiar esa experiencia; pero no necesita cambiar esa experiencia, sólo cambiar la emoción. Entonces llega a lo que es la sabiduría y sabiduría es el recuerdo sin la emoción. Los recuerdos son importantes. Son como los ladrillos de nuestra evolución.

-Pero a veces los recuerdos impiden evolucionar.
-Sí, a veces, como aquellos que provienen de situaciones traumáticas o momentos difíciles, pero la dificultad la tenemos con el sentimiento, el componente químico con el que hemos grabado el evento.

-¿Quiere decir el apego?
-Sí, el apego a esa moción. Los budistas llaman apego, los occidentales le llaman adicción. Es lo mismo.

-¿Hay algún límite en la posibilidad de crear nuevas realidades reprogramando nuestras creencias?
-Si unimos la cadena de recuerdos, se crea un pensamiento. El pensamiento viene de los recuerdos. Si sumamos un pensamiento más otro, más otro, eso genera una actitud. Si sumamos actitudes y las ponemos juntas, se transforman en creencias; y si ponemos las creencias juntas es lo que llamamos percepciones. Si cambiar la realidad es variar la forma en que pensamos, entonces por supuesto van a cambiar actitudes, creencias y percepciones. Y si transformamos nuestras percepciones, cambiaremos nuestras creencias, nuestras actitudes, nuestros pensamientos.

-¿Cuál es el límite?
-No sé si hay un límite. Sólo sé que dentro de cien mil años la gente será mucho más evolucionada que ahora y estará haciendo cosas increíbles.

-¿Qué consideración tiene acerca de la teoría de que somos las neuronas de este planeta?
-Sólo es una alegoría, pero no creo necesariamente en ello. Somos estados de conciencia individuales viviendo como una especie, como un colectivo, pero ese colectivo es la especie humana que contribuye al colectivo de toda la vida; y hay mucha, mucha vida.

-¿Y su opinión sobre la regeneración de las neuronas cerebrales?
-Es completamente posible, ha sido comprobado científicamente en la regeneración del hipocampo, inclusive en el neocórtex. Sólo se requiere contar con nuevas experiencias.

Fuente: Entrevista realizada por P. Arturi para tu-mismo.es
 
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