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Aprender a automotivarse

29.10.12
Si los estímulos nos llegan de fuera, estar motivado es más fácil. El problema comienza cuando las fuerzas, las ganas y la voluntad tienen que partir de uno mismo.

En breve hará un año cuando en Navidad nos hicimos unos cuantos propósitos o metas por cumplir: bajar esos kilos de más, comenzar a estudiar un idioma, dejar de fumar, etc.

Todas estas situaciones nos llevan a una de las características más importantes de la inteligencia emocional: la automotivación.

Viviendo en un sistema educativo que premia los resultados finales y la competitividad; a un sistema productivo basado históricamente en el palo y la zanahori, es fácil deducir que no hemos sido entrenados en la tolerancia a la frustración, a la espera paciente y al esfuerzo disciplinado.

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Plantear una estrategia

Nadie se desembaraza de un hábito o de un vicio tirándolo de una vez por la ventana; hay que sacarlo por la escalera, peldaño a peldaño (Mark Twain)

Pero...¿por qué fallan los propósitos? La respuesta nos lleva a otra pregunta: ¿Cuándo nos hacemos esos propósitos? Cuando una parte de nosotros reconoce lo que debería estar haciendo y no hace. Dicho de otro modo, un propósito suele ser una obligación que nos imponemos. Pero no nos gusta hacer nada por obligación, y menos aún si es por y para nosotros mismos. Allí es donde falla la automotivación.

Este año voy a dedicar más tiempo a la familia; haré más deporte; aprenderé inglés; me tomaré las cosas con más tranquilidad... Todas son frases que apuntan a un escenario futuro, al que pretendemos acceder por mero convencimiento. La cosa así no funciona. Las intenciones sin estrategia son meros brindis al sol.

Se trata de un espejismo. Volveremos a nuestros hábitos adquiridos a no ser que pongamos en ello algo más que buenas intenciones.

La capacidad de motivarnos tiene mucho que ver con nuestra auténtica voluntad. Pero ¿es lo mismo la voluntad que la intención? Muchas personas dicen, por ejemplo, que quieren dejar de fumar. Ésa es su intención. Se han cargado de excelentes motivos para dejarlo, pero al mismo tiempo reconocen que no tienen suficiente fuerza de voluntad. Por tanto, voluntad e intención son cosas diferentes. Quizá sea útil distinguir entre aquello que hemos convertido en un deseo y aquello que en realidad estamos dispuestos o no a hacer.

El proceso para automotivarse.
El filósofo José Antonio Marina observa la voluntad como la motivación inteligentemente dirigida. Marina va más allá de aquella vieja voluntad, entendida como una facultad innata, y la redefine más como un proceso que como un concepto: inhibir el impulso, deliberar, decidir y mantener el esfuerzo. 


Hacer lo que de la gana

¿Por qué aguardas con impaciencia las cosas? Si son inútiles para tu vida, inútil es también aguardarlas. Si son necesarias, ellas vendrán, y vendrán a tiempo (Amado Nervo)

Según Abraham Maslow, estamos motivados cuando sentimos deseo, anhelo, voluntad, ansia o carencia. O, lo que es lo mismo, cuando necesitamos resolver nuestras necesidades. Algunas son básicas, pero muchas otras se generan por nuestra capacidad de crearnos todo tipo de expectativas. Dicho de forma: vamos detrás de lo que nos da la gana aunque probablemente no nos haga falta alguna.

En un estudio sobre la motivación humana, propusieron a unos niños un curioso dilema. Los dejaban solos en una habitación con una golosina encima de la mesa. Les decían: "Si quieres, te la puedes comer ahora mismo y ya está. Pero si tienes un poco de paciencia, más tarde te daremos dos. Las imágenes fueron muy reveladoras entre aquellos niños que no resistían la tentación y aquellos otros que desplegaron un sinfín de estrategias para aguantar. Eso diferencia a unos de otros, la capacidad de tolerar la ansiedad de la espera, de postergar la gratificación en lugar de responder al primer impulso.

De mayores seguimos haciendo lo mismo, luchamos entre hacer lo que nos da la gana o adaptarnos a las exigencias del medio cuando nos impone un esfuerzo personal. Hace falta mucho autocontrol y tener muy claras nuestras motivaciones si queremos sobrevivir a la vorágine social, haya más o menos crisis. Que la motivación venga de fuera es lo más fácil. En cambio, nos fortalecemos cuando somos capaces de motivarnos por nosotros mismos.

Más fluir, menos sufrir

El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo, al poder (Williams James)

Automotivarse no es tarea sencilla, como todo, es un aprendizaje. Y aprendemos entrenándonos. Y nada mejor para lograrlo que unas cuantas pequeñas frustraciones, para darnos cuenta de que podemos sobrevivir al ataque de nuestras compulsiones. La automotivación se ejercita cuando somos capaces de orientarnos hacia el logro, obteniendo como beneficio la satisfacción por el esfuerzo realizado, por la ilusión y el optimismo que hemos generado en la aventura de conquistar nuestros retos cotidianos. Cuando, en definitiva, fluimos con lo que hacemos. Ese fluir es impagable.


Libros para leer
  • 'El hombre autorrealizado', de Abraham Maslow
  • 'La práctica de la inteligencia emocional', de Daniel Goleman (capítulo VI).
  • 'El misterio de la voluntad perdida', de José Antonio Marina. 
Películas
  • 'Forrest Gump', de Robert Zemeckis 
  • 'El guerrero pacífico', de Víctor Salva 
  • 'Jerry Maguire', de Cameron Crowe 
Fuente: adaptación de nota vista en elpais.com
 
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