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Vive con la vida con más ilusión y menos obligación

18.4.16

Nos pasamos la vida intentando agradar a otros y ser obedientes. Adaptarse es positivo, exagerarlo conduce al aislamiento...la ilusión, es el camino


Durante mucho tiempo...la manera de ser amados se correspondía con la capacidad de generar en los demás un estado de simpatía hacia nuestra persona. Y nada funciona mejor en este sentido que adaptarse a las demandas del medio y de las voluntades ajenas. Imposible desobedecer, fallar, actuar según los propios designios, y según los latidos del corazón.

Adaptarse al medio es bueno, sin embargo, cuando la adaptación se pone al servicio de las transacciones afectivas, de la búsqueda de aprobación y estima de los demás, entonces tenemos un problema. La vida se convierte en la obligación de ser buenos, de corresponder a las expectativas ajenas. Se construye así una identidad disociada: quien soy por fuera y quien soy por dentro. La zona abierta y la zona oculta. 

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“La sencillez y naturalidad son el supremo y último fin de la cultura” (Friedrich Nietzsche)

Con el paso de los años, las personas que se han pasado la vida obligándose a ser buenas acaban tan hartas que prefieren encerrarse en sí mismas...Hartas de todo, se aíslan, van a lo suyo y la familia con un ratito basta. Se abandonan porque no quieren más obligaciones.

Eric Berne se hizo popular por su teoría sobre el análisis transaccional o los tres estados del yo: el niño, el adulto y el padre. Esas figuras simbólicas que todos llevamos encima son fáciles de reconocer si escuchamos nuestros diálogos internos. Pero más allá de su teoría y de la atinada descripción de los juegos en los que vivimos según Berne, el niño es la parte más valiosa de la personalidad, ya que contribuye al impulso creador, el encanto o la intuición.

El especialista distingue entre el niño adaptado y el niño natural. El primero es el que modifica su comportamiento bajo la influencia parental. Se porta como el padre o la madre querían que se portara. O se adapta y lo hace con dos posibles expresiones: encerrándose en sí mismo o quejándose. El niño natural es una expresión espontánea. Es rebelde o creativo.

El precio de la adaptación consiste en partirse en dos. Uno es complaciente. El otro, ocultamente insatisfecho. De este modo crece sufriendo esa doble existencia. 

Es así como construimos un exterior que, con tal de garantizarnos seguridad, afecto y felicidad, nos pide a cambio que renunciemos a nuestra naturalidad.

Quien es auténtico asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es" (Jean Paul Sartre)


El niño desconecta de su fondo de energía, de su fondo de vitalidad, de donde surge la capacidad combativa de vivir, de jugar, de expresar sus necesidades vitales. Es así como uno pierde la seguridad en sí mismo. El niño deja de vivir en su fuente natural y acaba por depender de las fuentes externas, la madre primero y el mundo después. 

Pero ¿qué ocurre cuando, a pesar de ser bueno y adaptado, ahí fuera les niegan sus necesidades? Entonces el niño se encuentra sin soporte central y sin soporte exterior y por unos momentos se encuentra totalmente aislado, desconectado, en una soledad total. Es el estadio de angustia fundamental.

Esa ansiedad la seguimos viviendo de adultos cada vez que sentimos la duda de quién somos o de no funcionar según los modelos establecidos. Se llega a un callejón sin salida: si soy yo, no me querrán. Nos abandonamos a nosotros mismos para que no nos abandonen los demás,.

El especialista en crecimiento personal, Oriol Pujol, sostiene que  "Todo con ilusión, nada por obligación"  Lo que encierra esta frase tan breve es toda una declaración existencial. Hoy hablamos de ilusión y de felicidad, de fluir, de amar y de sentir pasión por aquello que nos gusta.

“La diferencia entre el pasado, el presente y el futuro es solo una ilusión persistente” (Albert Einstein)

Para llegar a tales plenitudes es necesario un ejercicio de autoconocimiento que permita observar y corregir la pesadez de seguir siendo un modelo a los ojos del mundo. Atreverse a ser uno mismo pasa por tener a raya al niño adaptativo, abandonar la obligación interior de ser siempre bueno y preferir mostrarse con autenticidad. Hay que recuperar la naturalidad. Aquella que no se basa en modelo alguno, sino en inteligencia, amor y energía

El planteamiento es sencillo: ¿qué es lo que hago por obligación?, ¿qué es lo que hago con ilusión? El caminante que hace camino al andar debe avanzar ligero. Cuando su mochila está demasiado cargada de obligaciones, debe soltar lastre...Hay que encontrar el propio camino y revisar de vez en cuando si se sigue siendo feliz al andar.

Lecturas para profundizar
– ‘Nada por obligación, todo con ilusión’. Oriol Pujol Borotau. 
– ‘Ser. Curso de psicología de la autorrealización’. Antonio Blay.
– ‘Juegos en que participamos’. Eric Berne. 

Fuente: extracto de texto de Xavier Guix para el país.com
 
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